Paz

La Bandera de la Paz, Distinción otorgada por Mil Milenios de Paz y Fundación PEA. Esta bandera compromete aún más a nuestro Capítulo en la consecución de tan alto valor.

La realidad de la paz depende de cuestiones materiales, éticas, y emocionales cuyo descuido impide su construcción.

La satisfacción de las necesidades materiales básicas para la vida es sin lugar a dudas un aspecto insoslayable y fundamento sine qua non para la paz.

Pero no son menos importantes el discernimiento ético, la práctica concreta de ciertos principios de conducta y la incentivación del alto sentimiento del amor, para comenzar a transitar seriamente el camino hacia una realidad pacífica más consistente y estable.

La carencia material, la falta de respeto, el desconocimiento del otro, la intolerancia, el egocentrismo, la provocación verbal a la violencia, el rencor y el odio, son los grandes impedimentos para avanzar hacia grados cada vez más perfectos de paz.

Muy por el contrario el bienestar material, el desarrollo del discernimiento ético, la práctica de valores y el incentivo del amor son cimientos ineludibles de una realidad pacífica.

La sociedad cuenta con la herramienta de la educación para formar individuos aptos para vivir pacíficamente y capaces de consolidar una cultura de paz.

Cabe al individuo una responsabilidad cotidiana en la construcción de una sociedad pacífica, puesto que sus acciones y palabras van alimentando una atmósfera que puede ser más o menos propicia para la paz.

Y cabe a los gobernantes la alta responsabilidad de proveer y garantizar el sustrato de paz político-social indispensable para el desenvolvimiento de la vida de los pueblos.

Comprendiendo la paz como una sabia medida de equilibrio, una interacción entre la responsabilidad civil de los individuos y la responsabilidad política de los gobernantes de una sociedad educada en los valores de la paz, es una primera garantía de su instauración.