Educación

Imaginar un individuo y una humanidad sustentables para la vida, la paz y la felicidad, es imaginar una posibilidad cierta, cuya concreción depende, en buena medida, de un cambio profundo en la educación formal.

Los nuevos modelos educativos deberán comprender a los individuos de manera holística, sin descuidar la dimensión espiritual que forma parte fundamental de su compleja unidad físico-intelecto- espiritual.

Una educación que privilegia por sobre todas las cosas el aspecto y las exigencias materiales de la vida, coarta la realización integral de un ser humano que sea capaz de perseguir y alcanzar logros en un camino regulado por valores.

Es hoy más urgente que necesario hallar el equilibrio entre la satisfacción material, el discernimiento ético, y la motivación espiritual.

La armonía de estas tres dimensiones del hombre le abre la posibilidad de la realización de las más altas aspiraciones humanas. La carencia material produce efectos devastadores bien conocidos; pero, de la misma manera, el descuido ético tanto como el descontrol de las pasiones evidencia consecuencias dolorosas en las personas y en las sociedades. Generalmente, los grandes padecimientos humanos y los fracasos sociales encuentran su génesis más profunda en la debilidad ética y moral de los hombres.

Educar al individuo en su calidad humana constituye el primer paso hacia un mundo mejor.